ESCULTURAS

Por José Luis Martínez Meseguer

 

Afirmó en una ocasión Louise Bougeois, refiriéndose a su producción, que todos los días cada uno tiene que abandonar su pasado o aceptarlo, y en caso de no poder asumirlo, pues se hacía escultor. ¡Qué pocos artistas han sacado tanto provecho a los fantasmas y traumas de su vida! Incidiendo en los mismos temas y las mismas cuestiones pero renovando la manera de abordarlos.

La obrá escultórica de Damià Díaz ha sido el fruto de un proceso catártico, de ataraxia casi, de asimilación. A lo largo de estos siete años le hemos conocido, reconocido y admirado desde que trabajáramos juntos en su primera gran exposición individual Damià Díaz. Temps i pensaments (2002) para el Museo de la Universidad de Alicante [MUA] y que en febrero de ese mismo año ya tuvo su gérmen en la Chapelle Saint-Louis de l’Hôpital de la Pitié-Salpêtrière en París. Como si de un anacoreta, se tratara se ha dedicado en silencio y fuera del circuito mediático, del ruido desolador de las ferias comerciales y de las galerías a configurar la obra que ahora nos ocupa. Cosa que como se podrá imaginar es más difícil todavía para estos tiempos que corren. Damià defiende y lucha por su libertad, frente a la falsa intelectualidad de muchas de las acciones actuales.

La creación, como la vida, no es un largo río tranquilo (a diferencia del genial filme del mordaz realizador francés Etienne Chatiliez, La vie est un long fleuve tranquille, 1988). Ya comparábamos la trayectoria de Damià en otros lugares con esa metáfora del viaje y utilizábamos parafraseando los tan queridos versos del ilustre vate griego de origen egipcio Konstantínos Kaváfis. Cualquier símil nos serviría, es un devenir, no lineal, nada fácil, a veces muy complicada.

Los fundamentos, la cimentación sobre la que surge la escultura de Damià es su sólida trayectoria en el dibujo y la pintura. Ya en Temps i pensaments, el mero dibujo y pintura no le bastaban y se atrevió con una suerte de instalación pictórica pues el cuerpo le estaba pidiendo la tridimensionalidad y el movimiento. Estos siete años han dado sus frutos y por ello nos encontramos ahora hablando del trabajo de estos dos últimos años, 2007 y 2008, en un esfuerzo titánico e ímprobo de producción.

La figura es algo a lo que Damià no es ajeno. Ha emborronado miles y miles de hojas y pintado muchísimos metros de lienzo y ha conseguido maestría en su quehacer y en su gesto. Quizás por eso Damià trabaja sobre proyectos aún ligados a la visión tradicional de la escultura como transformación de un objeto corporal tridimensional.

Ha investigado con los materiales: el hierro, el aluminio, la resina, los policarbonatos. Ha huido de efectismos y modas, como siempre. Me viene a colación, por ser tan diametralmente opuesto a los postulados de Damià, el extenso repertorio de materiales comunes utilizados Jeff Koons, que ha hecho del acero inoxidable -“la plata de la clase trabajadora”- y del sensacionalismo que le acompaña su seña de identidad. Podía haber sucumbido, pero los resultados, menos efectistas están ahí. Una obra sobria, cuidada, elaborada.

TRASVERSAL, nos presenta, como su nombre nos indica, atravesado de un lado a otro, un busto masculino en resina traslúcido-transparente muy texturizado que alberga y nos muestra -como contrapunto cromático- un rojo corazón al que solo le faltaría latir. Frialdad gélida del material frente a la calidez del músculo motriz. Dentro y afuera, interior y exterior de las personas. Veremos que en estos trabajos Damià ha indagado mucho en la apariencia. La figura presenta un corte trasversal en su revés que contrasta en su recta geometría con el orgánico exterior. Frialdad, desapego, distancia, asepsia emana esta pieza de complejidad técnica.

CAÍDA es una pieza de fundición de aluminio que representa el cálculo de la distancia del vacío, evocador título que quiere recordarnos cuantas veces puede tropezar el ser humano en los mismos lugares. Siguiendo la trayectoria de la caída de una hombre hacía atrás descompone dicho movimiento en cinco secuencias, figuras texturizadas alla maniera de Giacometti pero con una mayor corporeidad.

Con idéntico material y textura, LA CAJA DE RUIDOS, nos habla de las direcciones contrarias que se producen y puede originar uno mismo en su contra, del contra-deseo. Una composición volumétrica clásica, que nos podría recordar la tensión de La balsa de La Medusa de Théodore Géricault, pero con el resultado de la imaginería civil soviética, de facto es un monumento al individuo, indicándole sus direcciones contrarias.

BURLA CONTINUA, nos habla de la fijación o perpetuación de falsedades e inverosimilitudes, verdades que son auténticas burlas a la inteligencia, instauradas y magnificadas socialmente. En resumen, nos materializa la provocación, la fragilidad. Mostrar la lengua suele ser un insulto en la mayoría de las culturas. Se trata de una serie de cinco cabezas de resina transparente coloreada que configuran una suerte de fila, de abierto recorrido, aunque con un principio y origen. Acaso una haka, el baile nacional maorí, que intenta asustar al enemigo e infundir valor al que lo realiza.

VACIO es una rotunda pieza en acero y resina. Nos presenta una silueta -el perímetro del propio autor claveteado en tornillos de acero- con unas manos de resina transparente. Un autorretrato sin retrato, un contorno mas bien. Las manos, moldes de sus propias manos, dotan de corporeidad al conjunto y su color sirve de contraste a la frialdad de la obra. Principio y fin, alfa y omega.

La inquietante figura humana cuyas extremidades inferiores son raíces, DESARRAIGO, nos habla de la desubicación, del desarraigo, de la negación, de la desorientación, de saber quién eres, de donde vienes. El cromatismo es pintura y transmite decadencia en el juego estético de la resina y la fibra. Supone también la congelación de dos secuencias, de un movimiento, que apreciamos en los brazos del personaje.

UTENSILIO es, al igual que Transversal, una pieza de poesía visual. El armazón de metal que siluetea el brazo y nos sugiere las arterias finaliza en esas manos de resina que sujetan, unidas, un rojo corazón de transparente material. Nos evoca manipulación, sentimientos, una herramienta sutil de trabajo. Nuevamente el contrapunto calidez-frialdad. Nos evoca dibujos y obras en los que la anatomía es fundamental, las disecciones, hojas arrancadas de libros de anatomía, de diario morfológico del cuerpo humano.

ACUSACIÓN nos muestra un brazo aislado que surge de la nada en una provocadora actitud de indicar, acusar, acotar, señalar. Perecería ese brazo sacado del San Giovani Baptista de Leonardo Da Vinci pero mucho más desafiante. Es el propio brazo del artista, su propia mano, su propia indicación o señal, una manera volumetrizar el dibujo de un brazo sin “esculturizar”. DECADENCIA nos habla del desvanecimiento, de la descomposición. Una estructura de bustos masculinos sobre una peana cúbica, se amontonan, en desorden, como si hubieran caído. Bajo apreciamos otra figura, que representa al oprimido. Nos está hablando de nuestra sociedad, de la riqueza, del relumbrón, de reinventar la sociedad. Parecen peones de ajedrez que acaban de ser sacados de su caja y se encuentran amontonados. El tono dorado nos habla de la riqueza, de lo epidérmico superfluo, pero también asemeja a un fósil en ámbar, al hombre congelado, aprisionado. Mucho de arqueología en esta estratigrafía del caos.

DERMATOESQUELETO, esta pieza única es la huella, la marca, el negativo de una figura humana, una suerte de dermis calcificada u osificada, un caparazón humano, un esqueleto torácico, la huella de un hombre o lo que en un momento fue un hombre. La memoria de un cuerpo, de una historia -una intrahistoria más bien como diría Miguel de Unamuno-, una pieza de arqueología del hombre contemporáneo. Con múltiples referencias clásicas. Nos recuerda, en su fragilidad incluso, a la máscara micénica funeraria de oro de Agamenón. Un molde en pan de oro de un cuerpo en tensión, de un cuerpo convulso, de un cuerpo que se resiste a lo que le está pasando. Las referencias también pueden ser otras, puede recordarnos un cuerpo de los hallados en Pompeya y Herculano sepultado bajo las cenizas de la cruenta erupción del Vesubio. En definitiva un intento de permanencia de la fragilidad, de lo que no permanece, de lo que desaparece, de lo que indefectiblemente no queda. Es captar el vacío, algo que ha obsesionado a tantos escultores, bajo de esa dermis no hay nada, lo hubo, ahora es una marca de una tensión de un sufrimiento, en definitiva capturar una desaparición. Marcar el vacío. El hecho de ser dorada, nos recuerda el exceso de brillo frente a la vacuidad, y nos retrotrae a la máxima latina, ars lunga vita brevis, a que el arte supera a la vida pese a que este quiera detenerla y sublimarla.

CORAZA y CABALLERO INEXISTENTE son dos piezas que surgen como claro y explícito homenaje a Italo Calvino, cuya lectura de la trilogía I nostri antenati, la representación alegórica del hombre contemporáneo, en sus tres novelas: Il visconte dimezzato (El vizconde demediado), Il barone rampante (El barón rampante) y Il cavaliere inesistente (El caballero inexistente), deja una importante marca en Damià, y al que llegó porque -al igual que aquél- andaba investigando sobre la apariencia, los social. Al igual que el italiano, intenta definir la situación del hombre contemporáneo dentro de un mundo cada vez más complejo y difícil de descifrar. Su conclusión igualmente es una invitación a la moderación y al equilibrio, ya que nadie es depositario de la verdad absoluta. El hombre ha de desvincularse de los condicionamientos ideológicos y políticos, de las ideas preconcebidas y de las imposiciones intelectuales.

Reivindicación ilustrada de la realidad. La realidad parece algo irracional. Las piezas de Damià son muy sugerentes. En ambos casos se trata de unas delicadas armaduras de cristal, antítesis o contradicción de la función de una armadura que es la protección, la seguridad. Además, transparentes, mostrando todo cuanto hay en su interior (una luz, un corazón que late, un alma…). También, y al contrario que un corsé, nos intenta con esas armaduras rescatar de esas ortopedias que a veces condicionan al ser humano, liberándolo de la pesadez. Coraza se realiza a la manera de una vidriera, imitando incluso el cristal antiguo; Caballero inexistente, quizás más tosca, emplea también hierro menos elaborado, ambas como herramientas para mostrar emociones y sentimientos.

SÓLO es la representación del abandono, del estatismo, de la frialdad. Nos representa una figura humana cuyos pies son orgánicas raíces que lo amarran a la tierra. La raíz y el cuerpo son los ejes de la figura y entre ellos no existe una clara separación, la estructura de la raíz es más simple debido a su hábitat subterráneo. Representa a un hombre anclado en un-no-sabemos-qué que lo anquilosa e incomunica, probablemente a la manera de Antonioni.

CABEZA OCULTA representa una cabeza que no sabemos si se sumerge o emerge. De un azul eléctrico de brutal contraste, parece salir del ahogo pero igualmente podía estar buceando en sus propios asuntos. Si que emana tranquilidad. Es una sugerente pieza que nos evoca por su color y sosiego la del Buda Esmeralda de Thailandia.

CABALLO DE MAR es un object trouvé u objeto cotidiano que al descontextualizarlo adquiere otro significado, algo que practicaron Duchamp en el celebérrimo mingitorio o Warhol en gran parte de su obra. Estamos ante un viejo caballito de feria, una sutil evocación de la infancia, del sueño, de la fantasía, de la imaginación. Damià nos plantea que rehusemos a crecer, un no-crecer a la manera de Peter Pan, de acuerdo al cuento del escritor escocés James Matthew Barrie, y nos transporta al país de Nunca Jamás, una isla donde conviven tanto piratas como hadas y sirenas, y en donde se viven numerosas aventuras fantásticas durante toda la eternidad. También nos recuerda al unicornio, el único animal que no quiso subir al arca de Noé, propiciando así su propia autodestrucción. Sabiduría y desconocimiento, inteligencia e ignorancia, reflexión e irreflexión, responsabilidad e irresponsabilidad, consciencia e inconsciencia. A eso juega Damià, a mostrarnos algunas dicotomías que constituyen la propia vida, algo tan complejo que es imposible de abarcar. En el fondo es un observador, un espectador de sus propios recuerdos que intenta captar o evocar, porque sabe que ya no volverán esos momentos.

JAULA DE ORO es una pieza rotunda, una alegoría a la contemporaneidad, aunque es un tema clásico latino. ¿De qué sirve cualquier “riqueza” si uno se siente prisionero de tantas cosas…? Vanitas vanitatis et omnia vanitas (es decir: vanidad de vanidades y siempre vanidad). La idea de la banalidad, del engreimiento, de la pedantería, de la insignificancia, la nadería, el oropel. Obra llamada a realizarse en grandes dimensiones y que puede imaginarse llenando un espectral ambiente.

Se aprecia en la obra reciente de Damià que ha hurgado en distintos aspectos de nuestra sociedad que le inquietan, que le producen desasosiego, que le llegan a obsesionar o que se le reiteran… De todo ello, como buen alquimista, ha mezclado las dosis justas y nos ha mostrado su mejor quehacer de estos dos últimos años. Piezas muy medidas, muy meditadas. Una gran producción, con mucho bocetaje y dibujos previos, que nos enseñan al mejor Damià, al afanoso artista que lleva dentro. Ha conseguido, como perseguía Unamuno en sus novelas dejarnos inquietos y anhelantes…

SCULPTURES

By José Luis Martínez Meseguer

 

Louise Bourgeois once said, referring to her own work: everyday you have to abandon your past or accept it and then if you can’t you become a sculptor. How few artists have profited so much from the ghosts and traumas that haunt their lives! Touching upon the same themes and the same issues, but finding new ways of approaching them.

The sculptures of Damià Díaz are the result of a cathartic process, of ataraxia almost, of assimilation. Over these past seven years we have discovered, rediscovered and admired him, ever since we worked together on his first major individual exhibition Damià Díaz. Temps i pensaments (2002) for the University of Alicante Museum [MUA] and which first seeded in February of that same year in the Chapelle Saint-Louis de l’Hôpital de la Pitié-Salpêtrière in Paris. Like an anchorite, silently and removed from the media circuit, from the desolating noise of commercial fairs and galleries, he has focused on creating the pieces we are discussing here. Something that, as I’m sure you can imagine, is even more difficult in today’s world. Damià defends and fights for his freedom, against the false intellectuality of many contemporary actions.

Creation, like life, is not a long tranquil river (unlike in the great film by the scathing French film-maker Etienne Chatiliez, La vie est un long fleuve tranquille, 1988). Previously, we have compared the trajectory of Damià with this metaphor of a journey, paraphrasing the beloved verses written by the illustrious Greek poet of Egyptian origin Konstantínos Kaváfis. Indeed, any simile would do; it is a becoming, non-linear, never easy, and at times very complicated.

The basis, the foundations from which the sculptural work of Damià emerges is his solid background in drawing and painting. In Temps i pensaments, mere drawing and painting were no longer enough, and he tried his hand at a kind of pictorial installation, since he was drawn to three dimensionality and movement. These past seven years have borne their fruit and that is why we are here now talking about the works produced over the last two years, 2007 and 2008, in a gargantuan and arduous undertaking.

The figure is something Damià is no stranger to. He has scribbled over thousands and thousands of sheets of paper and painted metres and metres of canvas, achieving excellence in his work and gesture. Perhaps this is why Damià works on projects that are tied to the traditional vision of sculpture as the transformation of a three dimensional corporeal object.

He has experimented with materials: iron, aluminium resin, polycarbonates. He has shied away from affectation and fashion, as always. I am brought to mind, insofar as they are diametrically opposed to the propositions of Damià, of the vast repertoire of common materials used by Jeff Koons, who has turned stainless steel – “working class silver” – and the sensationalism that accompanies his work into a mark of his identity. Damià could have succumbed, but the results, less affected, are there. A sober, carefully crafted and shaped oeuvre.

TAs the name itself indicates, TRASVERSAL presents a male bust, cross-sectioned from one side to the other, made from translucent/transparent highly textualised resin that contains and displays – as a chromatic counterpoint – a red heart that could almost be beating. The chill cold touch of the material contrasting with the warmth of the driving muscle. Inside and outside, interior and exterior of people. We will see in these works that Damià has looked deep into the concept of appearance. The figure presents a transversal cut on the back that contrasts in its straight geometry with the organic exterior. Coldness, coolness, distance, sterilisation emanates from this technically complex piece.

CAÍDA is a piece of cast aluminium that represents a calculation of the distance of the void, an evocative title that wishes to remind us how often the human being can come across the same places. Following the trajectory of a man falling backwards, the movement is broken down into five sequences, texturised figures alla maniera of Giacometti but with greater corporeality.

With the same material and texture, LA CAJA DE RUIDOS speaks to us of the contrary directions that emerge, and which one can initiate against oneself, from counter-desire. A classic volumetric composition, which might remind us of the tension felt in The raft of Medusa by Théodore Géricault, but with the result of soviet civil Imagineering; in fact it is a monument to the individual, pointing out our contrary directions.

BURLA CONTINUA speaks to us about the fixing or perpetuation of falsehoods or improbabilities, truths that are mocking intelligence, re-established and magnified socially. In short, it materialises provocation, fragility. Sticking out your tongue is usually an insult in most cultures. This piece comprises a series of five heads made from coloured transparent resin, which form a kind of line, an open fairway, albeit with a beginning and an origin. A haka, perhaps, the Maori national dance, which aims to scare the enemy and infuse the dancer with bravery.

VACIO is a resonant piece made from steel and resin. It presents a silhouette – the perimeter of the author himself studded in steel screws – with transparent resin hands. A self-portrait without a portrait; an outline rather. The hands, moulds of his own hands, give the piece corporeality and the colour acts as a contrast against the coldness of the work. Beginning and end, alpha and omega.

DESARRAIGO presents us with a disturbing human figure whose lower limbs are roots, and speaks to us of bewilderment, uprooting, negation, disorientation, knowing who you are, where you come from. The chromatism is created in paint and conveys decadence in the aesthetic interplay of resin and fibre. It also represents the freezing of two sequences, of movement, which we appreciate in the figure’s arms

Like Transversal, UTENSILIO is a piece of visual poetry. The metal frame that silhouettes the arm, suggestive of the arteries, tails off into resin hands that are cupped together holding a red heart made from transparent material. Once again the counterpoint of warmth and coldness. It evokes drawings and works in which anatomy is fundamental, dissections, pages torn from anatomy books, a morphological diary of the human body.

ACUSACIÓN shows us an isolated arm that emerges out of nothing in a provocative attitude of indicating, accusing, pointing, signalling. The arm might seem to belong to Leonardo Da Vinci’s San Giovani Baptista, only much more challenging in its attitude. It is the artist’s own arm, his own hand, his own indication or signal, a way of ‘filling out’ the drawing of an arm without “sculpturising”.

DECADENCIA speaks to us of disappearance, of decomposition. The structure comprises male busts piled up on a cubic base, in a disorderly way, as if they had fallen there. Underneath we can make out another figure, which represents the oppressed. It speaks to us of our society, of wealth, of glare, of reinventing society. They look like chess pawn that have just been taken out of their box and left in a heap. The golden hue conveys wealth, superfluous epidermis, but is also reminiscent of an amber fossil, man frozen, imprisoned. A great deal of archaeology in this stratigraphy of chaos.

DERMATOESQUELETO, this unique piece is the imprint, the mark, the negative of a human figure, a kind of calcified or ossified dermis, a human shell, a thoracic skeleton, the mark left by a man or what was once a man. The memory of a body, of a history – or rather an intrahistory as Miguel de Unamuno would say -, a piece of the archaeology of modern man. With multiple classical references, it reminds us, even in its fragility, of the Mycenaean gold funerary mask of Agamemnon. A gold leaf moulding of a body in tension, of a body convulsed, of a body struggling against what is happening. Yet there are other references; it might remind us of the bodies found in Pompeii and Herculaneum buried under the ashes by the violent eruption of Vesuvius. Ultimately, it is an attempt to attain the permanence of fragility, of that which does not linger, of that which disappears, of that which unfailingly does not remain. It is about capturing the void, something that has obsessed so many sculptors; under the dermis there is nothing; there once was; now it is a tension mark of suffering; in the end capturing a disappearance. Marking the void. The gold leaf reminds us of the excessive shine contrasting with vacuity, and brings us back to the Latin maxim, ars lunga vita brevis, that art exceeds life even though it wishes to capture and exalt it.

CORAZA y CABALLERO INEXISTENTE son dos piezas que surgen como claro y explícito homenaje a Italo Calvino, cuya lectura de la trilogía I nostri antenati, la representación alegórica del hombre contemporáneo, en sus tres novelas: Il visconte dimezzato (El vizconde demediado), Il barone rampante (El barón rampante) y Il cavaliere inesistente (El caballero inexistente), deja una importante marca en Damià, y al que llegó porque -al igual que aquél- andaba investigando sobre la apariencia, los social. Al igual que el italiano, intenta definir la situación del hombre contemporáneo dentro de un mundo cada vez más complejo y difícil de descifrar. Su conclusión igualmente es una invitación a la moderación y al equilibrio, ya que nadie es depositario de la verdad absoluta. El hombre ha de desvincularse de los condicionamientos ideológicos y políticos, de las ideas preconcebidas y de las imposiciones intelectuales.

CORAZA and CABALLERO INEXISTENTE are two pieces that emerge as a clear and explicit homage to Italo Calvino, whose reading of the trilogy I nostri antenati, the allegorical representation of modern man, in his three novels: Il visconte dimezzato (The Cloven Viscount), Il barone rampante (The Baron in the Trees) and Il cavaliere inesistente (The Nonexistent Knight), leaves an important mark on Damià, at which he arrived because – just like Calvino – was looking into appearance, the social sphere. And just like the Italian author, he attempts to define the situation of modern man within an increasingly complex world that is difficult to decipher. His conclusion is also an invitation to moderation and balance, since no one is the receptacle of the absolute truth. Man must break away from ideological and political conditioning, from preconceived ideas and intellectual imposition. A learned defence of reality. Reality seems irrational. The pieces created by Damià are highly suggestive. In both cases, they are delicate glass casings, the antithesis or a contradiction of the function of armour which is to protect and provide security. Being transparent, they also show everything contained inside (light, a beating heart, a soul…). Furthermore, unlike a corset, he tries with these pieces to rescue us from the orthopaedics that at times condition the human being, freeing us from this weight. Coraza has been created in the manner of a stained glass window, even imitating ancient glass; Caballero inexistente, which is perhaps coarser, also uses more roughly hewn iron. They are both tools to display emotions and feelings.

SÓLO is the representation of abandonment, of stillness, of coldness. It represents a human figure whose feet are organic roots anchoring it to the ground. The root and body are the two axes of the figure and there is no clear separation between them; the structure of the root is simpler because of its underground habitat. It represents a man anchored in goodness-knows-what that paralyses and isolates him, probably in the manner of Antonioni.

CABEZA OCULTA represents a head that could be either submerging or emerging. A brutally contrasting electric blue in colour, it seems to be emerging from drowning, but it could also be diving into its own affairs. It radiates tranquillity. A suggestive piece that, through its colour and calmness, evokes the Emerald Buda of Thailand.

CABALLO DE MAR is an objet trouvé or everyday object that takes on a new meaning when decontextualised, a practice often used by Duchamp, especially in his famous urinal piece, and Warhol in much of his work. It is an old merry-go-round horse, a subtle evocation of childhood, dreams, fantasy, imagination. Damià suggests that we refuse to grow up, a non-growing-up in the manner of Peter Pan, according to the story by the Scottish writer James Matthew Barrie, and whisks us away to Neverland, an island where pirates live alongside fairies and mermaids, where we can live numerous fantastic adventures forever more. It also reminds us of the unicorn, the only animal that refused to get on Noah’s ark, leading to its own destruction. Wisdom and unknowingness, intelligence and ignorance, reflection and thoughtlessness, responsibility and irresponsibility, awareness and unawareness. Damià plays with these concepts to show us certain dichotomies that constitute life itself, something so complex it is impossible to take it all in. Ultimately he is an observer, a spectator of his own memories that he tries to capture or evoke because he knows that these moments will never return.

JAULA DE ORO is a resonant piece, an allegory of contemporary life albeit based on a classical Latin theme. What use is ‘wealth’ if we feel imprisoned by so many things…? Vanitas vanitatis et omnia vanitas (in other words: vanity of vanities and always vanity). The idea of banality, of conceit, pedantry, insignificance, nothingness, tinsel. A piece destined to be created on a grand scale, which we can imagine filling a spectral space.

In his recent work, Damià seems to be poking into different aspects of our society that concern him, that cause him anxiety, which even obsess him or play out over again to him… From all these ingredients, like an expert alchemist, he has mixed the exact quantities and has shown us his best work from these last two years. Very measured and meditated pieces. An immense production with lots of prior sketching and drawing, which shows us Damià at his best, the industrious artist that lives within. He has managed, as Unamuno tried to do in his novels, to leave us feeling restless and eager…