DIMENSIONS

Por Aramis López

 

La lucha por atrapar, emular, desafiar y dominar las cuatro dimensiones son tareas que se imponen al intento de mostrar la realidad a través de la reflexión artística.

Tres dimensiones delimitan lo físico, lo material, la carne, el mundo, lo perecedero, el espacio que nos contiene. las Medidas de un cuerpo se expresan en centímetros, pulgadas o pies cúbicos, es decir, de manera numérica, y describen sus contornos, su piel, aquello que está en relación con el mundo exterior, que es material, que reconocemos y por lo que nos reconocen. Pero es necesaria la cuarta dimensión, el tiempo, para nombrar el alma.

En arte las carencias no impiden que el resultado busque con acierto la verdad. En pintura, la representación no cuenta más que con dos dimensiones, pero en la búsqueda de las dimensiones imposibles se crearon artificios fundamentales para el desarrollo del lenguaje artístico.

Representar al mismo personaje en varias ocasiones en diferentes acciones era un intento de emular el movimiento, en definitiva, el paso del tiempo. El espectador comprendía sin dificultad el ardid e interpretaba la escena completando lo que no aparecía con su propia experiencia personal y con sus conocimientos. Esto suponía, además de una economía de significantes, que el individuo frente a la obra incluyera su vivencia personal, un componente emocional que facilitaba la interrelación con la obra de arte.

El desarrollo de las técnicas de composición, el manejo de las perspectivas, el uso del color y sus tonalidades, las sombras, dotan a la pintura, encerrada en el plano, de la sensación volumétrica. No hay engaño, sino mecanismos que permiten mostrar el mundo sobre una superfície, un mundo físico y un mundo trascendente, el mundo de la carne y el de las ideas.

Damià Díaz ha buscado desde sus primeras obras el aprendizaje de las técnicas para dotar su pintura de las cuatro dimensiones. Busca el volumen y el movimiento de forma innata, como inscrito en su código genético, de manera vegetativa y autónoma e involuntaria en un principio. El artista se inicia en la pintura con una carencia intuida. Los trazos expresionistas, el tratamiento sofisticado del color y el trazado de la línea indefinida entre la abstracción y la figuración son las herramientas elegidas para construir su lenguaje, su forma de mostrar lo que busca larvado en su interior.

El tiempo le va desvelando sus horizontes, descubre sus inquietudes y desmonta su pintura. Cambia, necesita del tránsito, e inicia una huida, se reformula. Modifica los soportes, los pigmentos, las formas, las representaciones, las técnicas, los materiales y sus pensamientos. Y en el camino descubre que existen nuevas posibilidades.

La obra de arte es el resultado de haber recorrido un peligro, de una experiencia llevada a sus últimas consecuencias, como nos enseña Rilke. Damià Díaz se plantea que el proceso no ha de incluir únicamente al artista. Decide mover al espectador. Cambia su posición físicamente frente a la pintura. Decide hacer su obra allamaniera de la instalación, busca en el que mira un nuevo punto de vista, el propio movimiento del espectador es transferido a la obra. El soporte de la pintura pasa a ser transparente, de forma que el paso de la luz y sus sombras sean un elemento más de la pieza. Las huellas de la pintura en el suelo, en el propio público son partes esenciales en sus obras y en su búsqueda de todas las dimensiones.

En Recinto de ideas combina todos los procesos aprehendidos de la escultura y la pintura para crear un híbrido. Fabrica un lienzo tridimensional, casi escultórico, sobre el que pinta su reflexión sobre el lugar de las ideas. Almacenadas en su cabeza, las ideas se mueven, cambian, se apasionan, sufren metamorfosis de color, intentan una huida. Quizás es un nuevo reto para el artista mirar al futuro con sus ideas fuera de sí mismo, expuestas al capricho de los demás, a la tiranía de los otros. Los bocetos preparativos de la pieza son altamente aclaratorios; uno de ellos, el más elaborado, muestra una cabeza de varón profusamente descrita, con el rostro a la izquierda del espectador, como en casi todos los bocetos, un rostro al que se le sustrae el elemento de unión entre el interior y el exterior: los ojos. Es este un intento de que el mundo de las ideas interiores no escape, una necesidad de autismo, una imposición de la reflexión propia, la recreación del hermetismo. Es la necesidad de encontrar en uno mismo el camino hacia el mundo. El imperativo más cierto de la vida, el paso del tiempo, nuestro camino hacia nuestro fin, común a todos, capturado en una imagen hierática, difícil, dolorosa, ciega y muda, sorda, los oídos han sido taponados.

Las piezas centrales, las grandes cabezas, que participan de la doble condición de continentes y contenidos, tienen su continuación en una serie de pequeñas piezas, no menos interesantes, de objetos tridimensionales, superpuestos y repetitivos que, colocados inundando el espacio, buscan una conversación interesada con el entorno.

También han dado como resultado piezas bidimensionales que situadas como un conjunto consiguen dominar el volumen y el tiempo. Son rostros opacos, impenetrables y que miran hacia la izquierda del espectador, cabe preguntarle si en referencia del pasado.

El trabajo y el camino del artista se estancan en autocomplacencias, asumen el riesgo de la invención y la dialéctica de Damià Díaz establece entre el medio, la forma y el método y dan hermosos resultados, tanto para emisor como para el receptor del mensaje susurrado.

DIMENSIONS

By Aramis López

 

The struggle for catching, emulating, defying and dominating four dimensions figures is a task whose purpose consists in showing the reality through the artistic reflection.

There are three dimensions that define every physique and material element, our bodies, the world, the evidence, the space we live in. Measurements are taken and given in centimetres, inches and cubic feet, in other words, according to a numerical criterion, and they describe their out-lines, their skin, all the elements related to the outer material world that we recognize and in which we are recognized. But the fourth dimension, time, is necessary to define the soul.

In Art, deficiencies do not prevent the result from searching for the truth. In painting, the representation only counts on two dimensions, but the search for impossible dimensions gave rise to some important artifices that helped to improve the artistic language.

The representation of the same character on several occasions in various actions was an attempt to emulate the movement, in short, to show that time goes by. The audience had no difficulty understanding the trick since they interpreted the scene and they completed the invisible elements by means of their own personal experience and knowledge. It would mean that, apart from a collection of significants, the individual, in front of a work of art, includes his personal experience, en emotional component that facilitates the connection between him and the work.

The improvement in composition techniques and perspective, the use of colours, tones and shades granted a sense of volume to the painting that since than had been shut up in the plane. It is not a sham, it is simply a mechanism that shows the world on a plane, a physical and a transcendental world, the world of the bodies and the world of the spirits.

Since his first works Damià Díaz tried to learn these techniques to provide his works with four dimensions. He looks for innate volume and movement as his genetic code establishes, according to a vegetative and autonomous principle, at the beginning involuntary. The artist started learning to paint in spite of his intuitive deficiencies. His characteristic Impressionist brush strokes, his sophisticated way of changing colours and drawing an indefinite line between abstraction and images were the tools he used to construct his language, his way of showing what he hides deep down.

Time goes by and he discovers his prospect and his worries and he finally decides to dismantle his way of painting. He changes, he needs a transitional pause, he needs to flee, to reformulate. He modifies the sup-ports, the pigments, the shapes, the representations, the techniques, the materials and above all his thoughts. In this way he senses new possibilities.

Painting a work of art means taking risks, the risk of a complete experience, as Rilke states. Damià Díaz believes that this process does not include only the artist. He decides to move his viewer. He changes his physical position in front of his paintings. He decides to create a work alla-maniera of the installation, he seeks a new point of view, he transfers the movement of the spectator to the work. The painting support goes on to become transparent so that lights and shades turn into parts of the piece. The painting marks on the floor become for spectators essential parts of the work of art and of the search for all dimensions.

In Recinto de Ideas he combines all sculptural and painting processes he had learnt to create a hybrid. He manufactures a three-dimensional canvas, almost sculptural, on which he paints his reflexion and his ideas. These ideas are stored on heads that move, change, get excited, undergo a colour transformation, try to escape. It may be a new challenge for the artist who wants to understand his future by means of his ideas outside himself, by means of other people whims and tyranny. His preparatory sketches are highly explanatory; one of them, the most complicated, shows a man head deeply described, whose face is Located on the viewer right, as in almost every sketch, a face in which we can perceive the element that links the inner and outer world: his eyes. In this way he tries to catch the world of his inner ideas, it represent an autism need, he tries to impose his own reflexion, to recreate his reticence. He underlines that we all need to get ahead in Life. A certain imperative in our lives, the passing of time, the path to end captured in a hieratical, hard, painful, blind and breaking, deaf image, ears got blocked up.

The central big heads that play the double role of container and contents continue in a whole series of small but interesting pieces, three-dimensional, superimposed and repetitive objects that flood the space and look for conversation with the environment.

We can also contemplate a group of two-dimensional pieces that manage to dominate volume and time. It is about dull and impassive faces that Look towards the viewer’s left, maybe referring to the past.

The artist work and process stagnate in autosatisfaction, it runs the risk of invention and dialectic that Damià Díaz establishes between means, shape and method are undoubtedly successful both for transmitter and recipient of the whispered message.